Kobe Bryant usurpó el papel de Superman que se atribuye Dwight Howard. La
figura de los Lakers dejó bien claro desde el primer partido quién
marca diferencias y que está dispuesto a devorar las defensas que se le
pongan por delante para ganar su cuarto anillo. Nadie pudo con él, ni Lee, ni
mucho menos Pietrus, el alero francés que en la serie anterior ante
Cleveland había logrado reducir la eficacia de LeBron James. Kobe
cargó con el peso ofensivo y sumó 40 puntos, con una ráfaga
tremebunda en los pocos momentos en que lo necesitó realmente su equipo.
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