Narices, pues hay que tirar los apuntes que los periodistas solemos ir adelantando
durante un partido para tener el texto listo lo antes posible tras el pitido final. Y
es que cuando todo cambia en los tres últimos minutos, las consideraciones
previas "partido de errores, de tirones, de tensión pero
sin baloncesto- pierden casi todo su interés. Y hay que volver a enfocarlo
todo. Más trabajo. Pero si el trabajo es contar la enormidad de lo que esta
noche ha hecho Pau Gasol para derrotar a los campeones de la NBA en una recta final que
parecía irse deslizando hacia el lado bostoniano, pues pesa bien poco.
¡Qué jugadorazo! ¡Qué sentido del dramatismo, de
los momentos históricos! Esto, que los españoles se lo conocemos y
reconocemos desde que era un pipiolo en una final de la Copa del Rey, en Estados
Unidos no lo conocen aún bien. Jugar en Memphis es volar por debajo del
radar. Y su buena temporada 07-08 en Los Angeles quedó un tanto oscurecida
cuando Kevin Garnett se lo comió en la final. Y volvieron los cuchicheos:
"Este chico es un blando...".
Garnett siempre. Un día, hace muchos años, de novato, Pau le
metió un mate hasta el codo y la imagen dio la vuelta al mundo. Pero no tuvo ya
mucha suerte en subsiguientes enfrentamientos a lo largo de ocho temporadas.
Anoche, durante más de tres cuartos, la conclusión iba por los
habituales derroteros: un Garnett decidido y acertado parecía juguetear
con un Gasol encogido y, en ataque, carente de iniciativa (o fallón cuando
tomaba alguna).
Por eso, porque el peso ya empezaba a ser insoportable, ha sido tan importante ese
final. Para Pau, para los Lakers y para un Kobe Bryant que, ¡al fin!,
prefirió dar las asistencias decisivas a intentar los tiros decisivos
pero a menudo....